viernes, 6 de agosto de 2010

COPLAS DE CIEGO


Las"Coplas de ciego" o "Romances de cordel" eran historias reales-o la mayoría de las veces- contadas al son de algún instrumento musical. Eran contadas y cantadas por algunos hombres, más que por mujeres.


Allá por los años de la década del 40 al 50, estos personajes cuando llegaban a los poblados despertaban inusitado interés, y la gente formaba corro en torno de ellos, esperando oír sus coplas. Previamente era situado el pregonero, ciego la mayoría de las veces, en algún sitio donde pudiera sentarse o bien estaba de pie, en medio del corro de personas expectantes que esperaban escuchar sus historias. Se encargaba de bien situarlo un lazarillo, que a la vez era el que vendía las coplas que el ciego iba cantando.Tales coplas estaban impresas en papel de mala calidad. Las historias que el ciego iba cantando al son de un violín renqueante, eran casi siempre truculentas macabras, trágicas, pasionales, de engaños y desengaños, de mentiras y verdades. Los ciegos con sus coplas y llenaban de pavor y espanto la vida de aquel entonces. De allí, con la música y la canción, se iban a otra parte. Pero, antes, habían dejado en el ambiente del lugar en que estaban, un halo de hielo en el alma de los que escuchaban las coplas de ciego, que por ser tan trágicas, causaban lágrimas en los concurrentes y, a la vez, repulsa contra el responsable de la desgracia de alguna persona, por ejemplo, una joven engañada a la que, habiendo sido criada, el señorito la había empreñado y, para que el deshonor no manchase la honra de aquella familia, la joven era expulsada en plena noche, con el hijo en brazos...Eso sí, la víctima era siempre inocente y los autores de los males, poderosos, que ante la justicia humana quedaban impunes, pero no quedaban ante la justicia divina, que Dios les hacía pagar el delito, castigándoles de algún modo...
Las coplas aquellas fueron desapareciendo a comienzos de la década del 50.


Mi tío José Luis Puente Vidal, siempre recitaba una copla que había aprendido de niño de tanto leerla, allá amediados de la década de los 40, cuando su madre se las compraba para que se entretuviese durante su enfermendad. No conservo ninguna copia de las que él tenía, pero esa copla que el tanto repetía, la he podido encontrar, en la red, tiempo después de su fallecimiento. Tuve la oportunidad de grabarle unas de las últimas veces que la recitó.



JOAQUÍN PENAL


En la provincia de Murcia, / este caso sucedió,
con una honrada joven, / en defensa de su honor.
Un mocito de aquel pueblo / de amores la pretendió
y al ver que se hallaba encinta, / el traidor la abandonó.
Y para mayor desprecio, / al momento se casó
con una joven del pueblo, / llamada resurrección.
Pero Isabel al saberlo / juró de vengar su honor,
y al poco de estar casado, / le dio muerte a traición.
La metieron en la cárcel, / y al poco tiempo de esto
dio a luz un pobre niño, / más hermoso que lucero.
De los brazos de la madre / ya al niño lo arrebataron,
lo llevaron a la inclusa / y al punto lo bautizaron.
Como nació en la cárcel, / en oscura soledad,
Joaquín le han puesto de nombre / y de apellido el Penal.
lloraba la pobre madre / llena de pena y dolor,
por aquel hijo querido, / fruto de su corazón.
Llegó el día del juicio / y acudió ante el fiscal,
para leer la sentencia / a la infeliz criminal.
La sale pena de muerte, / pero por intercesión,
de que algunos magistrados / la concedieron perdón.
A treinta años de presidio, / redujeron la sentencia
y a la pobre de Isabel, / la destinaron a Ceuta.
Al levantarse la sala, / llorando pide al fiscal
que la enseñen a su hijo, / que lo quería besar.
Para cumplir sus deseos, / al niño fueron a buscar,
mientras que la pobre madre, / no cesaba de llorar.
Cogió al niño entre sus brazos / y le besó con cariño,
y llorando amargamente, / estas palabras le dijo:
-Hijo de mi corazón, / que cruel es nuestro signo.
Tú morirás en la cárcel, / y yo moriré en presidio.
En esta perdida vida / no nos veremos jamás,
pero en el cielo algún día / tu madre te abrazará
Isabel pasó a presidio / para pagar su condena,
y con lágrimas de sangre, / regaba su triste celda.
Años y años pasaron, / llenos de dolor y pena,
sin tener nunca consuelo / para el tormento y la pena.
Al pasar veintitrés años / llego un día de placer,
que recobró libertad, / la pobrecita Isabel.
Sin tener de nadie amparo / caridad y compasión,
y como a nadie tenía, / a pedir se dedicó
entre los buenos cristianos / una limosna por Dios,
ha hallado en todos amparo / caridad y compasión.
Había un señor en el pueblo, / que con frecuencia la daba,
limosna todos los días, / de una manera cristiana.
-Quién será ese buen señor/- decía la pobre anciana -
que tanto favor me hace / sin conocer mi desgracia.
Un día se puso a leer / un letrero de la casa
que dice: “Joaquín Penal, / notario de la comarca”.
Al leer Joaquín Penal / quedó confusa y “terrada”
-Acaso será mi hijo. / Decía la pobre anciana.
Y llorando amargamente / le preguntó a la criada:
-Dígame buena mujer, / el señor cómo se llama.
-Se llama Joaquín Penal, / le contestó la criada,
por que nació en la cárcel, / según la gente declara.
Al oír esto, la pobre, / sin “acuerdo” se quedó.
-Ese es mi hijo señora, / llorando la contestó.
Estando en estas palabras, / don Joaquín se presentó
y al oír que era su madre, / al suelo se desmayó
-Madre de mi corazón, / cuánto sufriste por mí.
No llores madre querida, / que ahora serás feliz.
Tu vivirás a mi lado, / madre de mi corazón.
Después de tan larga ausencia, / de martirio y de dolor.
Un banquete celebraron, / en la casa de su hijo,
donde viven felizmente, / llenos de amor y cariño.